20.04.2020

Los templos de Karnak y Luxor

Egipto

Recorrer los restos de los grandes conjuntos arqueológicos de Karnak y Luxor es revisitar la historia de Egipto.

En sus monumentales construcciones podemos seguir el rastro de más de 2.000 años de historia. Vestigios de una ciudad, Tebas, que fue faro del Reino Nuevo.



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Transcripción de Video - Los templos de Karnak y Luxor

Bienvenidos a un nuevo capítulo del videoblog de Paideia Destinos y Cultura. Un espacio para viajar a lugares fascinantes en el planeta y contar sus historias.

Hoy viajaremos a Egipto, específicamente a la antigua capital Tebas la actual Luxor para recorrer los espectaculares templos de Karnak y Luxor.

Soy Juliana Hurtado, comenzamos.

La ciudad de Tebas, “la de las cien puertas” a la que cantaba Homero, apenas era una pequeña villa indigna de ser una capital de provincias cuando un linaje de reyezuelos originario del propio poblado consiguió imponerse sobre los contrincantes de la región para convertirse en lo que sería el origen de la dinastía XI y el retorno de un gobierno centralizado al país durante el Reino Medio. Fue entonces cuando una deidad provincial de escaso renombre llamada Amón comenzó a postularse como dios de la monarquía. Por razones evidentes, los soberanos de la dinastía XI se mostraron más afectos al dios guerrero Montu, pero los de la dinastía XII convirtieron a Amón en su deidad titular. Así se inició un proceso de construcción y cambio que terminaría por convertir al templo de Amón en Karnak en uno de los más grandes y poderosos de todo Egipto.

El recinto de Amón en Karnak, construido en la antigua ciudad de Tebas, es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la época faraónica y una de las maravillas del Mundo Antiguo. Este fastuoso conjunto de templos fue construido, renovado y embellecido a lo largo de los siglos con las sucesivas aportaciones de los soberanos egipcios, que pretendieron ganarse así el favor de Amón, patrón de Tebas y dios nacional de Egipto. Cada una de las piedras, su posición, su decoración, sus textos, nos hablan de la historia del país de los faraones.

Tal como lo conocemos hoy, el templo de Amón es un edificio inacabado cuya primera piedra la habría colocado Sesostris I al comienzo de la dinastía XII. Sin embargo, como suele suceder siempre con los templos y otros lugares sagrados, ya existía un edificio anterior que los arqueólogos han podido situar en algún momento del Reino Antiguo. Este núcleo inicial se conserva sólo en lo que los especialistas llaman, precisamente, el “patio del Reino Medio”, situado justo delante del santuario. Todos los faraones posteriores a Sesostris I contribuyeron en alguna medida a ampliar el templo, incluidos los reyes del período ptolemaico.

A pesar de que cuando uno lo visita resulta complicado darse cuenta de ello, debido a la impresionante maginitud de las ruinas y el tamaño de estas, el templo de Karnak cuenta con exactamente la misma distribución y elementos que cualquier otro templo egipcio: embarcadero junto al río, calzada de acceso, pilono de entrada, patio de columnas, sala hipóstila y sanctasanctórum. Los sucesivos añadidos, demoliciones, reconstrucciones y modificaciones pueden haber oscurecido un poco el plano, pero la estructura general es indudable.

El muelle de acceso, que hoy es un gran parqueadero de buses, fue obra de Ramsés II. La avenida de esfinges que lo ligaba al templo fue interrumpida y acortada por Nectánebo I, quien posiblemente también fuera el soberano que mandó construir el inacabado primer pilono (que, curiosamente, todavía conserva una de las rampas de construcción en su parte interna) y, además, rodear todo el complejo con un muro.

El patio al que se accede es un revoltijo cronológico, pues junto con algunas de las esfinges de Ramsés II podemos ver una capilla de Sti II (ambos de la dinastía XIX, el quisco de Taharqa (dinastía XXV), una estatua de Tutankhamón (dinastía XVIII) y el pequeño templo de Ramsés III (dinastía XX), además del portal bubastita de Sesonquis I (dinastía XXII).

Este es el punto de acceso a uno de los elementos más conocidos del templo: la sala hipóstila. Aunque es la que cuenta con las columnas más altas y numerosas de todos los templos egipcios, la sala hipóstila de Karnak no se diferencia en mucho de las que se pueden encontrar en otros templos faraónicos de planta clásica. Delante de ella hay un patio columnado precedido de un pilono y, por detrás, una serie de estancias y almacenes que preceden al sanctasanctórum. Lo interesante de las salas hipóstilas faraónicas es que su morfología se explica por un doble motivo: práctico e ideológico. El motivo práctico reside en que, como una viga de piedra no puede cubrir demasiado vano sin romperse, si los egipcios querían techar una sala grande y diáfana, tenían que hacerlo multiplicando el número de columnas. En total, la media hectárea larga que ocupa la sala hipóstila de karnak necesitó nada menos que de 134 de ellas, todas de arenisca entre las que se destacan las doce que marcan el eje del templo porque son algo más altas que el resto (de 21 m de altura) e inmensos capiteles en forma de papiros abiertos. Detrás de cada una de estas filas se encuentran 61 columnas repartidas en dos grupos, delimitados por un corredor que va de norte a sur y alcanza una puerta lateral. Estas 122 columnas, en total, son las pequeñas de la familia, pues solo miden 15 metros de altura y su circunferencia es de 8,4 metros, con capiteles en forma de papiro cerrado.

La explicación ideológica tiene su origen en el significado de los templos egipcios, que eran representaciones en piedra de la cosmología faraónica: así era como consideraban que estaba organizado físicamente el mundo. El techo representa el firmamento, y por eso el de las salas hipóstilas está decorado con millares de estrellas amarillas de cinco puntas en relieve sobre fondo azul. Como es lógico, ese cielo no podía flotar por sí solo, sin nada que lo sujetara y mantuviera alejado de la tierra, de modo que los egipcios lo imaginaban apoyando en cuatro sólidos pilares celestiales. Las columnas de las salas hipóstilas serían, por tanto, representaciones simbólicas de esos elementos sustentadores del cielo.

Debido a que permaneció enterrado casi por completo hasta 1896, el templo-reposadero de Ramsés III es uno de los edificios mejor conservados de todo el recinto de Amón. Erigido por el fundador de la XX dinastía, en un tiempo en el que el templo del dios acaba por su parte oeste en lo que hoy es el segundo pilono, su razón de ser fue que la barca sagrada dispusiera de un lugar donde reposar justo a la entrada de la morada de Amón. A pesar de que está destinado a guardar la barca del dios, el reposadero tiene la estructura de un verdadero templo, por eso comienza con un pilono de 14 metros de altura. Dos estatuas del rey de pie flanquean el acceso al templo, que en su momento estaba cerrado por una doble puerta de madera de acacia revestida con placas de bronce.

El lago sagrado es un elemento muy destacado del recinto de Karnak con 123 x 83 metros situado al sur del templo de Amón. No dispone de ningún sistema de recogida de aguas y se llena simplemente con las aguas filtradas desde la capa freática. Por desgracia, como no se trata de agua corriente, el sol y las algas hacen que terminen muy contaminado de parásitos; de modo que no es nada recomendable darse un baño pues se corre el riesgo de terminar contrayendo una de las enfermedades que han atacado desde siempre a los egipcios de todas las épocas, la esquistosomiasis. Este lago sagrado de Karnak parece haber existido como complemento del templo desde que se construyera la primera versión de la casa de Amón, en el Reino Medio. La presencia de esta gran masa de agua junto al templo de Amón tiene una explicación que va mucho más allá de su utilidad práctica, no como fuente de agua potable, sino como parte del ritual de purificación que, como nos cuenta Heródoto, los sacerdotes tenían que hacer dos veces al día. Para los egipcios todo empezaba en el agua y las del lago Amón se convertían así en una representación de todas las aguas de Egipto.

Dadas sus grandes dimensiones, en el recinto de Karnak, no solo encontramos el templo de Amón, sino también el de otras divinidades como el de Jonsu, situado en la zona suroeste del recinto de Amón y que es un modelo del perfecto templo egipcio. Se trata de un edificio muy bien conservado donde el visitante puede apreciar con detalle las distintas partes de la casa de un dios, lo cual es difícil de aprehender cuando se visita el cercano templo de su padre Amón. Era complicado identificar a Jonsu, o mejor dicho, discernir su apariencia; sobre todo porque, a menos que un texto nos descrita ante quién estamos, resulta imposible avirugar solo por la iconografía de qué divinidad se trata: con cabeza de halcón, con cabeza de ibis, Tot y Jonsu son idénticos. Jonsu es el hijo de Amón con su esposa Mut, y los tres constituían la tríada tebana.

Karnak estaba conectado al templo de Amón-Ra en Luxor por un dromos, que quiere decir una avenida empedrada flanqueada por esfinges. Inflama la imaginación pensar en el casi millar y medio de esfinges cuerpo de león, cabeza humana, con cerca de 3 kilómetros de longitud y más de 70 metros de anchura. Originalmente este dromos era un canal que se inundaba con la crecida del río Nilo; sin embargo, como el calendario egipcio carecía de año bisiesto, a finales del Reino Nuevo las fiestas empezaron a caer fuera de la época de la inundación y el canal, al no llenarse de agua, no permitía que las barcas de los dioses pudieran recorrerlo. Por eso se cubrió y se transformó en una avenida, que al parecer, comenzó a decorar con esfinges Amenhotep III. Esta avenida no ha sido sacada enteramente a la luz, y todavía se está trabajando en las excavaciones para que pueda ser plenamente visible.

La avenida terminaba en la entrada del templo de Luxor, señalada por el gran pilono levantado por Ramsés II y se revelan como una imponente valla publicitaria donde contar la historia de la batalla de Qadesh, en dos inmensos paneles grabados en bajorrelieve. En el panel de la derecha – el primero que hay que leer – se ve a Ramsés en su tienda de campaña interrogando a dos espías hititas. Mientras esto sucede, en el otro lado de la escena los hititas ya han iniciado su ataque. En el panel de la izquierda se aprecia la enérgica respuesta egipcia, y en él destaca el carro de Ramsés, que arrolla a un sinfín de caóticos infantes enemigos y hace huir él solo al ejército hitita.

Paréntesis: Se ha comprobado que la batalla de Qadesh terminó en tablas con el tratado de Qadesh. Lo sabemos porque la copia hitita del primer tratado de paz de la historia se encuentra en el museo de arqueología de Estambul. La copia egipcia aún no se ha encontrado.

Además del propagandístico relieve, ante el pilono también sobresalen dos enormes obeliscos de granito rojo. Uno de ellos fue donado a Francia en 1831 y está erigido en la Plaza de la Concordia de París y el otro sigue sobre su pedestal montando guardia ante las dos estatuas monolíticas de Ramsés II.

El templo de Luxor, llamado “El harén del sur”, estaba situado al sur de la ciudad de Tebas. A pesar de que se sospecha que en este emplazamiento existía ya un templo durante el Reino Medio, los restos más antiguos datas de la dinastía XIII. Como sucede siempre con estos grandes templos, fueron muchos los reyes que tomaron parte en su construcción; no obstante, el de Luxor tendría ya su forma actual durante el reinado de Hatshepsut. El patio columnado que precede a la zona íntima del templo fue construido por Amenhotep III, al igual que la gran columnata que lo sigue. Pero sería el gran Ramsés II el encargado de concluir la ampliación del edificio añadiendo ell pilono de la fachada y otra columnata. Finalmente, Alejandro Magno sustituyó el altar de la barca, y los romanos construyeron a su alrededor un campamento para alojar a sus legiones.

El dios adorado en este templo, conocido por los egipcios como “el Opet meridional”, no era otro que Amón de Tebas y tenía una relevancia especial en la fiesta de Opet, la cual se celebraba todos los años el día 15 o 19 del segundo mes de la estación de ajet (la inundación). El desarrollo general de la ceremonia es suficientemente conocido, pero no sus detalles. Durante el reinado de Hatshepsut, las estatuas de Amón, Mut y Jonsu partían desde Karnak hacia el templo de Luxor recorriendo por tierra la avenida de las esfinges, y se detenían en los quioscos que había repartidos a lo largo del recorrido; el retorno se hacía por vía fluvial. En época de Amehotep III, las tres estatuas hacían el recorrido de ida y vuelta en barca. Dado que la intención de la ceremonia era renovar la potencia del faraón, es más posible que éste interviniera de forma activa en la procesión, puesto que era un día de gran fiesta en toda la ciudad y los habitantes seguramente participaban en el jolgorio de las procesiones.

Cuando llegan las barcas con los dioses al templo de Luxor, las de Mut y Jonsu parece que se quedaban en la sala hipóstila, mientras que la de Amón y el faraón penetraban en la zona más íntima del templo para realizar ceremonias de las que conocemos pocas cosas, pero que parecen haber incluido una repetición de la coronación y, quizá, una especie de matrimonio místico entre Amón y Mut del que nacería Jonsu.

Los templos de Karnak y Luxor fueron los encargados de definir no sólo la esencia de la ciudad de Tebas, sino también su estructura, puesto que su construcción implicó primero derruir numerosas casas ya existentes (los arqueólogos han encontrado la ciudad del Reino Medio al este del lago sagrado de Karnak) para luego convertirse en los puntos focales en torno a los cuales se fue edificando otra vez toda la nueva capital.

Recorrer los restos de los grandes conjuntos arqueológicos de Karnak y Luxor es revisitar la historia de Egipto. En sus monumentales construcciones podemos seguir el rastro de más de 2.000 años de historia. Vestigios de una ciudad, Tebas, que fue faro del Reino Nuevo.

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Soy Juliana Hurtado, gracias por acompañarme, hasta la próxima.

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