23.10.2020

Lo mejor de Normandía

Lo mejor de Normandía

En este episodio daremos un recorrido por Normandía, cuna de una de las grandes revoluciones de la historia del arte: el impresionismo. Acompáñanos a conocer sus impresionantes paisajes cargados de historia, comida y buen vivir francés.



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Transcripción de Vídeo - Lo mejor de Normandía

Normandía, ha tenido siempre una gran relevancia en la historia de Francia. Le debe su nombre a la palabra Northmanorum que significa “hombres del norte” haciendo alusión a los invasores vikingos que ocuparon esta región en 911 y a quienes el rey Carlos III de Francia les cedió estas tierras a cambio de detener los ataques al interior del país y defenderla de piratas y acechadores. Desde sus playas el duque de Normandía Guillermo el Conquistador zarpa en 1066 a conquistar Inglaterra y convertirse en su rey sellando una relación amor y odio entre Francia e Inglaterra.

Los paisajes de Normandía parecen pinceladas de un cuadro impresionista pues fue precisamente aquí donde nació este movimiento que sería una gran revelación en la historia del arte.

También encontramos las playas del día D, durante la Segunda Guerra Mundial, un suceso que cambiaría la historia de la guerra.

Y por supuesto no puede faltar la rica gastronomía con sus quesos en especial el camemberg, la sidra y los mejillones de bouchot.

Vamos a recorrer Normandía, tierra de mucha historia, arte, comida y buen vivir francés.

Normandía es la cuna de una de las grandes revoluciones de la historia del arte: el impresionismo. Precisamente aquí, a orillas del curso del Sena, los artistas improvisaban sus talleres en botes que navegaban el río hasta llegar a los acantilados normandos. En aquella desembocadura el pintor Claude Monet pintaría la obra que daría inicio al movimiento: “Impresión, sol naciente”.

En la localidad de Giverny se encuentra la casa de Monet con los jardines en los que pintó sus famosos nenúfares y en los que adaptó con puentes, estanques y composiciones de estilo japonés. Monet vivió allí de 1883 a 1926 con su esposa e hijos. El artista escogió desde la pintura de las paredes hasta el mobiliario de las estancias familiares. La casa, que ahora es un museo, recrea la vida cotidiana del pintor y por supuesto el taller con sus obras y colecciones personales. Hoy las que se pueden ver son réplicas pero no deja de ser emocionante. Pasear por los jardines que el propio Monet cuidó hasta su muerte es como caminar dentro de un cuadro.

Continuamos el recorrido y llegamos a Rouen, “la ciudad de los cien campanarios” y que además Monet retrató mil veces, en especial la catedral de Notre Dame, construida hacia el 1200 en estilo gótico. El interior es impresionante. En la plaza del viejo mercado encontramos una cruz conmemorativa a Juana de Arco, pues fue justo allí donde fue quemada en la hoguera. Irónicamente encontramos también en la plaza el Museo Juana de Arco. En Rouen se unen el arte, la historia y también la literatura pues esta es la cuna de Gustave Flaubert quien escribió aquí sus obras Madame Bovary y la Educación sentimental, a mediados del siglo XIX.

Llegamos ahora a la ciudad de Le Havre. Arrasada durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruida por Auguste Perret, maestro de Le Corbusier. Aquí hay que visitar el Museo de Arte Moderno que alberga obras de Monet, Boudin y Pisarro, entre otros. Su casco antiguo fue catalogado Patrimonio de la Humanidad. La torre de la iglesia de Saint-Joshep es una de las obras de arquitectura del siglo XX, símbolo del renacimiento de la ciudad y de la reconstrucción de Europa.

Siguiendo la línea del mar, tras las huellas de los artistas de los artistas del pleinerismo, es decir, de la pintura al aire libre, llegamos a los míticos acantilados de Étretat, en la llamada Costa de Alabastro y tan solo toma unos segundos para saber por qué inspiró a tantos artistas. Cuesta no visualizar a Monet o a Courbet con sus caballetes pintando los acantilados. Este es el estuario del Sena, donde se une con el mar y donde vivieron personajes como Maupassant y Victor Hugo.

Cruzamos el puente de Normandía, de un kilómetro de longitud sobre el estuario del Sena para llegar a la ciudad de Honfleur. Empezamos a percibir los olores a vino blanco y mejillones. Uno de sus hijos ilustres, Boudin, pintó las fachadas de las casas reflejadas en el agua. En esta ciudad se reunía la burguesía parisina durante el Segundo Imperio a disfrutar de los elegantes hoteles y aunque ya no tiene el glamour de antaño sí que vale la pena darse un paseo silencioso y tranquilo por las playas y por sus callejuelas pintorescas. Es un lugar perfecto para los placeres gastronómicos pues desde aquí podemos realizar la ruta de los quesos o la ruta de la sidra.

Continuando por la costa normanda hacia el oeste encontramos las playas del Desembarco. Conocido como el día D, el 6 de junio de 1944, las fuerzas aliadas lanzaron el mayor asalto naval, aéreo y terrestre combinado, para liberar el noroeste de Europa ocupado por los nazis en la operación Overlord. Gracias a la afición moderna por el turismo bélico existe una ruta perfectamente organizada para recorrer las cinco playas que fueron clave en la victoria aliada: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. Estas playas han sido inmortalizadas mil veces en series y películas. A pesar de las evocaciones crueles y sangrientas de la guerra, es imposible dejar de observar la belleza del lugar. Para conocer lo que realmente ocurrió allí es recomendable visitar los múltiples memoriales, museos y cementerios de ambos bandos.

Después de visitar las playas del desembarco se puede visitar el Memorial de Caen que hoy en día es un centro cultural internacional dedicado a la paz. A pesar de que Caen también fue bombardeada, algunos lugares se salvaron milagrosamente como la abadía de las Damas y la abadía de los hombres. Ambos monumentos nos transportan a la Edad Media, a la época de Guillermo el conquistador duque de Normandía y Rey de Inglaterra. Aquí se respira un cierto aire británico. La abadía de las Damas está consagrada a Matilde de Flandes, la esposa de Guillermo y aquí reposan sus restos. La Abadía de los Hombres fue mandada a construir por Guillermo para reconciliarse con el papa que le había reprochado casarse con su prima Matilde. Aquí reposa el Gran Guillermo el Conquistador y el lugar llama la atención por la combinación de estilos románico y gótico. El Castillo de Caen, también construido por Guillermo fue dañado por los bombardeos de 1944 y restaurado después de la guerra.

Esta historia compartida con Inglaterra nos recuerda que las costas de Normandía miran hacia la isla británica a través del Canal de la Mancha, una frontera natural que hermana a dos naciones con una historia común de casas reales, saqueos vikingos y contiendas como la Guerra de los Cien Años de 1339 a 1453.

Continuando por estos caminos medievales, llegamos a Bayeux. Y la razón principal para visitar esta ciudad es para apreciar una verdadera joya de arte: el impresionante tapiz de Bayeux, un lienzo de lana bordado, también llamado el tapiz de la Reina Matilde para describir los hechos previos a la conquista de Inglaterra llevada a cabo por su esposo y que culminaría con la batalla de Hastings y el inicio del reinado de Guillermo, ganándose el sobrenombre de el Conquistador. Con 70 metros de largo, 50 centímetros de alto y 350 kilos de peso constituye uno de los documentos medievales más relevantes de la historia. Y como si estuviéramos viendo una película de dibujos animados, nos muestra en una serie de 50 escenas acompañadas de textos en latín toda clase de detalles sobre la época, como la aparición del cometa Halley. Y después de muchas investigaciones se ha corroborado que fue pensado para ser expuesto en la catedral de Bayeux encajando perfectamente con las paredes norte, oeste y sur de la nave incluyendo columnas y puerta. Hoy es una zona de la catedral perdida.

Terminando nuestro recorrido nos encontramos con otro espectáculo de Normandía. El Mont Saint-Michel. Esta roca, con su pequeño pueblo y su templo en lo alto sobresalen en el paisaje y al que con el subir y bajar de las mareas juega a ser una isla flotando entre las olas.

Una carretera elevada nos conduce hasta el pie del monte. Aquí empieza la calle que cruza las murallas y sube hacia la Abadía por la Grande Rue llena de tienditas y restaurantes de cocina regional. San Auberto, obispo de Avranches, fundó el Mont Saint-Michel en el año 708 después de que el arcángel San Miguel se le apareciera tres veces en sueño. Decidió construir un oratorio en honor al arcángel. Escogió el Monte Tumba, como se llamaba antes esta montaña. El obispo de Avranches envió a en busca de reliquias de San Miguel y según se cuenta se logró conseguir un pedazo de su capa roja y un pedazo de mármol en donde supuestamente el arcángel había puesto su pie.

Ha sido un importante centro de peregrinación, hogar de los Benedictinos, fue prisión y ahora recibe cerca de 3.500.000 visitantes al año.

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