01.06.2020

El simbolismo de las catedrales medievales

Catedral de Notre Dame

En la Edad Media las catedrales fueron el núcleo de las nuevas ciudades que se estaban formando, convirtiéndose en epicentros de la vida urbana cotidiana, definiendo actividades y tiempos, así como fueron pugnando contra los edificios modernos por seguir siendo símbolos de la ciudad. Una carrera que generalmente se dio en las alturas, hacia el cielo. En este video vamos a conocer el desarrollo y simbolismo de las catedrales en el medioevo.



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Transcripción de Vídeo - El simbolismo de las catedrales medievales

Imaginemos que entramos a una ciudad medieval. Por medio de nuestros cinco sentidos podemos identificar una realidad muy distinta a la que habíamos dejado en el campo. Los ruidos del mercado, las tabernas, los corrales de animales en la calle. Percibimos los olores de todo, de la comida, de los perfumes o los malos olores de las aguas residuales. En la Edad Media, según estas características podríamos estar en Londres, París, Viena o Praga. Podían cambiar las características de la gente, el aspecto de las casas, pero sin duda, todas tenían algo en común, una catedral.

En estos tiempos medievales, una ciudad importante se distinguía de una simple villa por ser sede de un obispado. El obispo administraba una provincia desde su cátedra y el templo donde estaba ubicada esa cátedra era la catedral. Estas ciudades que eran obispados se amurallaron para resistir el ataque de enemigos bárbaros e intramuros las calles se estrecharon, las casas se hacinaron y el modelo antiguo, herencia del imperio romano, en el que había manzanas rectangulares se fue perdiendo.

Teniendo como centro la iglesia, que luego se convertiría en catedral, la ciudad fue creciendo y alrededor se fueron construyendo a su alrededor la casa del obispo, las casas de los canónigos, hospitales y escuelas o edificios administrativos Y en sus cercanías encontramos las plazas abiertas que servían para esparcimiento de sus habitantes y como lugar de ejecuciones muchas veces dejando expuestos los cuerpos de los ajusticiados por días como escarmiento para los demás. Y así poco a poco la ciudad va creciendo, las murallas se van ampliando y aparecen más iglesias, edificios y torres porque al igual que la ciudad va creciendo en dimensión, también lo va haciendo en altura.

En la Europa medieval, se fue creando una verdadera red urbana realmente a partir del siglo X. Antes, generalmente, la gente vivía en aldeas esparcidas. Pero a partir del año 1000 los caminos empiezan a poblarse, el comercio de las ciudades se fue incrementando lo que atrajo a artesanos y mercaderes y hubo una explosión significativa de ciudades. Las murallas no sólo representaban una seguridad defensiva sino también una separación clara de los espacios urbanos y rurales. En la urbe, los núcleos básicos fueron la catedral y la plaza de mercado.

A los pies de las iglesias había un atrio porticado que servía de reunión para los fieles antes o después de los oficios, generalmente con fuentes y mercadillos. Aquí se realizaban las reuniones de vecinos, los juicios y las asambleas. La gente acudía allí a discutir, hablar, decidir, juzgar, ejecutar, celebrar, asistir a espectáculos, en fin… Cuando aparecieron las lonjas y los ayuntamientos estos atrios fueron perdiendo su protagonismo, pero da una idea del simbolismo de la catedral como símbolo de tejido urbano.

Poco a poco se fue conformando una aristocracia local que con el fin de ostentar sus linajes compitieron entre ellos construyendo palacios fortificados con altas torres, que a veces hasta amenazaban la seguridad pública. Los comerciantes y artesanos ante esto se unieron en la competición y erigieron también grandes edificios comunales. Esta dinámica llegó al paroxismo en el caso por ejemplo de Florencia, en donde tomaron la decisión de mandar a reducir las torres para que la Señoría (que era el órgano de poder) no perdiera relevancia.

La catedral también cumplía muy bien la función social del control del tiempo. A través de las campanas iban regulando la vida diaria de la gente. Dependiendo del ritmo de las campanas se podía obtener información importante. Si el campanero o vigía tocaba el toque "a rebato" era porque había peligro como un ataque o un incendio. El toque A "duelo" si moría alguna personalidad de la ciudad o el toque "a misa" cuando se iban a iniciar los oficios religiosos. Todos los habitantes de la ciudad conocían este código y el que no, lo aprendía rápido porque era a diario constante y repetitivo. Por ejemplo, cuando salía el sol a la hora prima, se daban tres campanadas; a media mañana, la hora tercia, dos campanadas; al medio día, la hora sexta, una campanada; a media tarde, la hora nona, dos campanadas; a la puesta del sol, la víspera, tres campanadas y cuando llegaba la noche, las completas, cuatro campanadas. Pero en el siglo XIV se generalizaron los relojes y se empezó a medir el tiempo en 24 horas muy conveniente para quienes necesitaban medir las horas del trabajo. Los relojes se empezaron a poner en los edificios administrativos como ayuntamiento. El tiempo dejó de estar en manos de Dios para pasar a manos, digamos del comercio. Se perdió la tradición también del tiempo natural propio de las áreas rurales, aunque en los pueblos pequeños, incluso hoy en día se siguen sonando las campanas de las iglesias.

La arquitectura de las catedrales empezó a tener su propio lenguaje y es así como el románico del siglo XI y XII empezamos a "leer" a veces de manera compleja, la fusión entre lo divino y lo humano a base de figuras geométricas en sus elementos principales como la cabecera, la nave y la torre. el Cielo sobre la Tierra estaba representado por un semicírculo sobre un rectángulo; la cruz formada por el cruce de la nave principal y el transepto representaba a Cristo: su cabeza era la cabecera o ábside, y sus brazos eran los del transepto. La cabecera del templo se orientaba hacia el este para mostrar cómo Dios, que es la luz, ilumina la vida en la Tierra; la bóveda indicaba el camino hacia el altar, e invitaba al recogimiento y la sumisión.

Las iglesias podían pertenecer a los obispos que actuaban como señores feudales o sólo actuaban en ellas en su labor espiritual. A partir del siglo XIII la burguesía conformada por los comerciantes y mercaderes empiezan a ser los principales artífices del gótico. Y con el gótico las torres y las naves se elevan, empezamos a ver ventanales con grandes y espectaculares vitrales con lo cual las iglesias se iluminaron naturalmente de manera espectacular.

Tenemos ejemplos de catedrales góticas elevadas sobre los pilares de la iglesia románica, como el caso de Notre Dame en París o en un terreno nuevo. Pero definitivamente se estilizan las figuras, hay un ambiente que busca atraer a la luz, a los fieles y a sus donaciones. Se va levantando sobre la ciudad para verla y dominarla, pero también para ser vista. La catedral, a pesar del tiempo, sigue siendo la señora del lugar que pugna por su espacio con las edificaciones nuevas.

Cuesta muchísimo creerlo, pero las catedrales no siempre fueron silenciosas y ambientes de paz como las vemos ahora. Durante la jornada la gente iba y venía, ya fuera para comprar y vender o las atravesaban para ir de un lugar a otro.

En los muros de las naves se empezaron a hacer capillas privadas y cerradas que los ricos compraban para su sepultura o la de su familia y esto daba pie en ocasiones a grandes polémicas porque se mandaban a hacer unos sarcófagos extravagantes o espaciosos, con ajuares, alfombras, candelabros y objetos que dificultaban el tránsito por la iglesia.

Además, existía la costumbre de hacer lo que en la época se llamaba "juegos de escarnio" que consistían en representaciones de sermones grotescos o como decía el rey sabio Alfonso X de Castilla "escarnios, villanías y desaposturas" y que los clérigos debían echar deshonrosamente a quienes lo hicieran. Sin embargo, dos siglos después y no habían podido controlarlo hasta que se tuvo que reunir el concilio de Aranda para prohibir de manera unánime y contundente esta guachafita y corruptela.

¿Pero por qué pasaba esto? ¿Por qué los obispos lo permitían? Porque la catedral se debatía entre seguir siendo un núcleo urbano y que la gente acudiera, aunque fuera a todo tipo de actividades como espectáculos, reuniones y ejecuciones, por ejemplo, y entre su naturaleza eclesiástica en donde se guardaba lo sagrado, brindaba mensajes bíblicos a través de sus fachadas y con sus torres y gárgolas mantenían su posición en la ciudad.

Con el ocaso de la Edad Media y la entrada a la modernidad, las catedrales mantuvieron su majestuosidad exterior e interior. Incluso hoy en día la gente viaja a París, Colonia o Burgos para ver la catedral.

Para conocer a profundidad un ejemplo de todo lo que les he dicho hoy los invito a tomar la conferencia que tenemos en nuestro campus virtual y sobre "Notre Dame, arquitectura y simbolismo" con nuestra profesora Camila Lleras arquitecta y literata.

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