18.08.2020

Descubriendo Varsovia

Columna de Segismundo - Varsovia

En este video nos adentraremos en Varsovia. Una ciudad surgida de las cenizas, trágica, luchadora y hermosa. Acompáñanos a hacer un recorrido por su historia, sus principales puntos de interés y los encantadores lugares que tiene para visitar.



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Transcripción de Vídeo - Descubriendo Varsovia

Hola, bienvenidos a un nuevo episodio del videoblog de Paideia Destinos y Cultura para mostrarles la historia cultural del mundo a través del viaje. No olviden suscribirse al canal y dejarme sus comentarios al final del video. En el episodio de hoy hablaremos sobre la hermosa e increíble capital de Polonia, Varsovia, una ciudad surgida de las cenizas, trágica, luchadora y hermosa. Vamos a ver un poco de su historia y sus principales lugares a visitar. Soy Juliana Hurtado, acompáñenme.

El primer asentamiento en lo que actualmente es Varsovia se produjo en los siglos X y XI. Hacia finales del siglo XIII se construyó una fortaleza para los duques de Mazovia. Al poco tiempo vio la luz una ciudad junto con la fortaleza llamada Warszowa o Varsovia. En 1526 después de la extinción de la dinastía de los duques de Mazovia, la ciudad pasa a ser propiedad de la corona polaca y a partir de 1596 el rey Segismundo III Vasa decidió trasladar la capital de reino que estaba en Cracovia a Varsovia.

Transformada en la capital de Polonia, la ciudad se desarrolló y se expandió de forma considerable. Debido a la guerra con Suecia y la ocupación de la ciudad, este crecimiento se vio truncado. Luego de la liberación, la ciudad debe ser reconstruida. Más adelante veremos que esta no será la única vez que esta sufrida capital deba resurgir de los escombros.

A partir del siglo XVIII grandes proyectos urbanísticos vieron la luz bajo el reinado de los reyes de la dinastía de los Electores de Sajonia, Augusto II y Augusto II. Lo único que perdura de esa época son los Jardines Sajones y la Ruta del Calvario (la actual Aleja Ujazdowskie).

Durante el reinado de Estanislao II Poniatowski, gran protector de las artes y las ciencias, la Ilustración irrumpe en Polonia. Varsovia, se convierte en el centro cultural, político y económico del país con novedosas ideas y movimientos culturales de todo signo, junto a un auge económico importante. En 1765 abre sus puertas el Teatro Nacional, y tres años después, Bernardo Bellotto, paisajista veneciano conocido popularmente como Canaletto el joven y cuyas obras servirían de modelo para la reconstrucción de edificios históricos destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, se instala en la corte.

En el siglo XVIII, Polonia fue víctima de la codicia de tres poderosos vecinos, Austria, Prusia y Rusia, que se repartirían su territorio en tres ocasiones. La injerencia extranjera se vio favorecida por las divisiones internas. Sea como fuere, la nación desapareció del mapa europeo como entidad independiente. El posterior Gran Ducado de Varsovia, nacido de la mano de Napoleón Bonaparte, sería un sueño breve, y nunca lograría constituirse realmente como estado soberano.

Fue sólo después de la Primera Guerra Mundial que Varsovia volvió a ser la capital de un estado independiente. La Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana nazi destruyeron la ciudad de una forma que no lo había sido nunca. Fue totalmente arrasada después del levantamiento de 1944. Los nazis hicieron saltar todos los edificios que quedaban aún en pie, transformando la ciudad en escombros y ruinas.

La reconstrucción fue casi total. Todos los edificios y conjuntos históricos que vemos hoy en día como tal cual tenían su aspecto antes de 1939 fueron reconstruidos y muchos interiores cuidadosamente restaurados. Este proceso se hizo con mucho esfuerzo y pese al control del país por la Unión Soviética que trató de imponer el estilo soviético en las construcciones más nuevas. Fue tan monumental la reconstrucción de la Ciudad Vieja que la Unesco la declaró como Patrimonio de la Humanidad y es tan imperceptible para el viajero que cuesta creer que estamos viendo réplicas y no construcciones originales. En esto Varsovia es campeona y nos transmite ese espíritu de lucha y permanencia del pueblo polaco pese a su trágica historia.

Las fortificaciones primitivas de la ciudad constaban de un muro de fortificado elevado al norte, al oeste y al sur. La Barbacana fue construida en 1548 y constituía la entrada a la Ciudad Vieja. Varsovia, es una de las pocas ciudades europeas que conservan su muralla.

El recorrido por la Ciudad Vieja comienza con la columna de Segismundo III Vasa con 22 metros de alto, demolida por los alemanes y reconstruida en 1949 convirtiéndose en uno de los símbolos de la ciudad. A un costado de la plaza en donde se erige la columna encontramos el Castillo Real, el verdadero corazón de Varsovia a nivel histórico y arquitectónico. El castillo real es, con sus edificios barrocos perfectamente reconstruidos alrededor del gran patio, uno de los monumentos más célebres y majestuosos de la ciudad que se remonta al siglo XIII.

Al interior del castillo encontramos la sala del senado que fue reconstruida con el aspecto de 1791. En esta sala se firmó uno de los documentos más importantes de la historia de Polonia, la constitución de 1791.

La espectacular sala de Canaletto, servía de ante cámara a los visitantes que esperaban audiencia con el rey. Encontramos las pinturas del paisajista italiano Bernardo Bellotto, conocido como Canaletto el Jóven y que representan Varsovia y Wilanov. Las 22 representaciones fueron fundamentales en la reconstrucción de la ciudad ya que muestran las calles y plazas del centro de Varsovia tal y como eran en los años del siglo XVIII y afortunadamente todas estas pinturas fueron salvaguardadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre las salas más espectaculares encontramos el gabinete de los soberanos europeos o sala de conferencias; el salón de Baile o salón de asambleas o la sala de mármol.

La Catedral de San Juan, la más antigua de Varsovia y reconstruida después de la segunda guerra mundial en un estilo llamado gótico del Vístula. El interior de la iglesia está compuesta por tres naves. El cristo crucificado es especialmente expresivo y su expresión traduce dolor y un sufrimiento infinito, tal vez en solidaridad con el pueblo polaco. Igualmente podemos destacar en la iglesia las tumbas de los últimos duques de Mazovia así como la estatua de Stanislaw Malachoski mariscal de la dieta de los cuatro años realizada en 1831. La religión católica en Polonia es un signo de identidad y de resistencia. Tiene una influencia muy fuerte en la vida cotidiana. Pocos pueblos pueden ser tan religiosos como los polacos.

Detrás de la catedral, una pequeña plaza nos recuerda con su nombre, Kanonia, sus lejanos orígenes. Fue creada en el emplazamiento de un antiguo cementerio y estaba bordeada de casas que habían sido construidas en el siglo XVI por los canónigos de la catedral de San Juan. Está adornada en el centro por una campana que fue realizada para la iglesia en 1646.

La Plaza del Mercado fue en el pasado, el centro de la vida económica, social y política de Varsovia. Los primeros edificios de ladrillo y mampostería datan de los siglos XIV y XV. Las casas que rodean esta bella plaza pertenecían a las grandes familias de la ciudad y a personalidades que ocupaban altos cargos en el consejo municipal y a menudo también en la corte real. Uno de los elementos más célebre de la bella plaza del Mercado es sin lugar a duda el monumento de la Sirena, que se encuentra en el centro de esta. La sirena está representada con un escudo en una mano y una espada levantada en la otra y figura en el escudo de armas de Varsovia.

Siguiendo el recorrido nos encontraremos con un pequeño pero especial museo. Es la casa donde nació una de las personalidades más fascinantes de Varsovia y del mundo. Hablamos de la casa museo de Maria Sklodowska, mejor conocida como Marie Curie, la única mujer que obtuvo dos premios nobel y en distintas áreas de la ciencia: física y química. Vale mucho la pena ver la exposición dedicada a su vida y obra para ver los auténticos objetos y enseres que pertenecían al premio Nobel y que son una muestra de la época en la que vivía. Entre las piezas hallamos fotografías de la científica, de sus familiares más próximos o amigos, documentos, sellos postales, monedas y medallas, periódicos de los años 20 y 30 del s. XX, libros o el decimonónico inmobiliario y herramientas de laboratorio.

La calle Miodowa, situada junto a la Ciudad Vieja, fue duramente alcanzada por los estragos de la segunda guerra mundial pero hoy está decorada de una serie de elegantes edificios, palacios e iglesias barrocas. Durante el tiempo de control soviético, las autoridades comunistas intentaron minimizar el heroísmo de los combatientes del levantamiento de Varsovia en 1944. Fue en 1989, es decir, 45 años después fue inaugurado el memorial en la plaza Krasinski. Un decorado simple pero imponente que fue erigido para celebrar y sobre todo conservar el recuerdo de todos esos habitantes de Varsovia que lucharon para liberar la ciudad de la dominación nazi.

El Levantamiento de Varsovia de 1944 no fue el primer levantamiento en la historia de la Ciudad. Ya se había realizado uno en 1863 contra las fuerzas de ocupación del momento, pero este del 1944 sería el más tenaz, cruel y devastador. Comenzó el 1 de agosto del 44 y duraría 63 días durante los cuales se produjeron violentos combates, casa por casa. La resistencia polaca lucharía contra la maquinaria de guerra nazi sin apenas ayuda aliada. Motivados y viendo que el ejército soviético estaba a las orillas del Vístula se levantaron y establecieron un gobierno nacional polaco antes de que las tropas soviéticas entraran. Sin embargo, el ejército rojo se quedó ahí parado viendo cómo los habitantes de Varsovia eran sistemáticamente asesinados, como queriendo la mayor destrucción posible de la población para que fuera más fácil su control posterior. Una herida más que no les perdonarían a los rusos jamás.

Fue realmente una lucha heroica que con una ayuda eficaz aliada hubiera vencido ya que estaban muy bien organizados. Los insurgentes establecieron una muy eficaz red de comunicaciones. Municiones, provisiones y heridos eran trasladados de un barrio a otro a través de las líneas enemigas o por las alcantarillas. La abundante prensa clandestina la distribuía un servicio de correos compuesto por jóvenes boy scout. Y una emisora de radio la Blyskawica (Relámpago) empezó a emitir después de que se pasaran cables por el alcantarillado y se colocaran altavoces por toda la ciudad. Los alemanes estaban al tanto del levantamiento, pero les sorprendió el gran apoyo popular que tuvo. Hoy prácticamente todos los habitantes de Varsovia tienen algún familiar que participó o murió en el levantamiento. La ayuda aliada llegó tarde, los bombarderos estadounidenses lanzaron desde el aire suministros de ayuda, pero para la fecha en que lo hicieron las zonas controladas por la resistencia eran tan pocas que la mayor parte de esas ayudas terminaron en manos de los alemanes. Stalin, como ya hemos mencionado, detuvo el avance, acabando con las pocas esperanzas que le quedaban a la resistencia. Ante la falta de ayuda y duras condiciones de la población civil, los líderes de la resistencia decidieron negociar los términos de la capitulación. Y la noche del 2 al 3 de octubre de 1944 se firmó el acta de rendición. Atrás quedaron 63 días de lucha y entre 150 mil y 200 mil muertos. De los sobrevivientes, 15 mil insurgentes fueron hechos prisioneros y más de 100 mil civiles, contraviniendo el acuerdo de capitulación, fueron deportado al Reich como mano de obra esclava o enviados a campos de concentración como Auschwitz. Siguiendo las órdenes de Hitler (y de nuevo, rompiendo el acta de rendición), Varsovia fue saqueada y destruida. Durante las siguientes semanas el 70% de la ciudad quedó reducida a escombros. Solo unos meses después, el 17 de enero de 1945, las tropas soviéticas entraron sin apenas resistencia en las ruinas nevadas de la capital de Polonia.

Esta herida, de la que Varsovia aún trata de reponerse, está plasmada en el museo del levantamiento. Un lugar imprescindible en la visita a la ciudad con un carácter evocador muy triste donde reconstrucciones, documentos, proyecciones, ruidos y música, así como túneles representando alcantarillas transportan al visitante a la atmósfera opresora de aquellos días.

Quienes idearon este museo quisieron, no solo recordar los acontecimientos, sino también recrear las atmósferas, los sentimientos y los miedos que acompañaron aquellos inolvidables días. Todo ello por medio de fotos, documentos, recuerdos de la época, pero también y, sobre todo, gracias a una inteligente combinación de iluminación y fondos sonoros de música y sonidos: un contexto que sumerge al visitante en la impactante y angustiosa realidad de la insurrección. Este museo es un homenaje de los habitantes de la Varsovia de hoy a aquellos que hace 76 años lucharon y dieron su vida por Polonia y por su capital. Al final del recorrido no se puede perder un vídeo en 4D que recrea un sobrevuelo de la ciudad destruida y que resulta altamente impactante.

Un año antes del levantamiento de 1944, Varsovia también vivió otro trágico momento: Entre abril y mayo de 1943, los ocupantes nazis tuvieron que enfrentarse a la inesperada resistencia de los judíos encerrados en el gueto de la ciudad.

Los judíos polacos que habían sido siendo hacinados en el centro de la ciudad en el mayor gueto de Europa también dijeron basta a los abusos a los que estaban sometidos. El gueto fue levantado en 1940 por los alemanes nazis separándolo del exterior con muros altos y puestos policiales. Encerraron allí a unas 400 mil personas. Las raciones de comida eran prácticamente, por lo que la gente moría de hambre en las calles, no había habitaciones suficientes para todos. Sin hogar, sucios, llenos de piojos, desnutridos, sin acceso a agua corriente. Lo que ocurrió se convertiría en otro de los símbolos del heroísmo polaco. El 19 de abril de 1943 las tropas nazis entraron al gueto por orden de Himmler que había dado la orden de liquidarlo y enviar entre 60 y 70 mil personas al campo de concentración en Treblinka. Pero para sorpresa de los alemanes, estalló un levantamiento. Los ocupantes de aquel infecto lugar, lejos de amilanarse, ofrecieron una resistencia organizada. El gueto se defendía. Pero los nazis rodearon el gueto, destruyeron los búnkeres, refugios y escondites, utilizaron explosivos, gases lacrimógenos y bombas de humo. Los soldados prendieron fuego y volaron casi todos los edificios del distrito, frente a casi 800 extenuados combatientes y pobremente armados. Miles de personas murieron allí y los supervivientes fueron enviados a los campos de exterminio.

Hoy en día no queda nada del gueto, tan solo un pedazo de un muro con una placa escondido al interior de una urbanización. Los polacos de las siguientes generaciones no tuvieron un registro vivo de lo que sucedió con los judíos de Varsovia, sumado al hermetismo histórico soviético que terminó adoctrinando y silenciando un pasado que curiosamente fue descubierto por muchos polacos a través de la película "El pianista" de Roman Polanski. Fueron las primeras imágenes de lo que fue el gueto de Varsovia para muchos habitantes de la ciudad. Tan sólo un pedazo de ferrocarril queda de la estación de trenes de donde partían los judíos como ganado hacia los campos de concentración.

En la calle Zamenhofa, se erigió un monumento con la intención de recordar para siempre a aquellos héroes desesperados: el memorial a los Héroes del Gueto. Este monumento fue deliberadamente realizado en labradorita, una piedra importada de Suecia y que la propaganda hitleriana utilizaba para la construcción de los monumentos conmemorativos de las victorias de Wehrmacht.

Cultivar el recuerdo, es lo que también quiere testimoniar con fuerza el "Árbol del recuerdo", un roble que fue plantado junto al memorial en 1988.

Es imposible recorrer Varsovia sin toparse con uno de sus hijos más ilustres. Casi todo el mundo ha escuchado hablar de Frederic Chopin y su inolvidable música que suena en la ciudad durante todo el año con festivales, conciertos, concursos y por toda la ciudad encontramos bancos en los parques que representan un piano que la gente puede tocar y empezar a escuchar la música de este virtuoso compositor.

En el parque Lazienky encontramos un monumento a Chopin espectacular en donde en verano se puede asistir a conciertos. Este bello parque también sirve para alejarse del bullicio de la ciudad y visitar la residencia de verano del último rey de Polonia, Estanislao Augusto Poniatowski. El parque encierra además en su recinto varias orangeries, un anfiteatro, un teatro cortesano del s. XVIII, el Museo de la Caza y del Arte Ecuestre, el Palacio My?liwiecki y numerosas estatuas ornamentales.

No se puede dejar de visitar el Museo de Frederic Chopin que se encuentra en el histórico Palacio de los Ostrogski. Se trata de uno de los pocos museos biográficos multimedia de Europa, entre cuyas piezas están el último piano del compositor o una colección de sus cartas manuscritas y partituras. Y para rematar la Varsovia de Chopin recomendamos asistir a un recital de piano para escuchar las interpretaciones de sus más bellas composiciones, entre ellas las polonesas o "El revolucionario" piezas influidas de folklore polaco que Chopin llevó a los salones de París convirtiéndose en un referente del nacionalismo de Polonia.

Es imposible pasar por alto un regalito que le dejó Stalin al pueblo polaco como para restregárselo en las narices y que los polacos han aprendido a ver como parte del paisaje. Todo un monumento al comunismo.

Se trata del edificio más alto de Varsovia. Está a la vista desde casi todos los rincones de la capital. ¿Y su origen? El palacio fue erigido en 1955 por impulso de Stalin siendo un “regalo del pueblo soviético a los polacos”. Construido por obreros rusos, durante mucho tiempo fue considerado un símbolo del poder socialista y un orgullo de la Polonia popular, acogiendo, entre otros, las sesiones del Partido Obrero Unificado Polaco.

Fue además, desde sus orígenes, lugar de conciertos, exposiciones, ferias o exhibiciones.En la actualidad, el Palacio es sede de varios teatros, un cine, museos, cafés de moda, de la oficina principal de Información Turística de Varsovia, etc. Subiendo a la terraza de la planta número 30 el viajero se sorprenderá con la vista panorámica de la ciudad.

La fachada del palacio tiene una serie de nichos con diversos bajorrelieves que reflejan los distintos tipos de arte, disciplinas científicas, ámbitos técnicos o culturas. Así, se puede ver a un joven con un tomo de clásicos bajo el brazo, una joven comunista de Komsomol, un arquero o una mujer de Asia central. Enfrente de la entrada principal se encuentra una tribuna de piedra, lugar de honor desde el que los primeros secretarios del Comité Central del Partido Obrero Unificado Polaco, saludaban a los asistentes a las marchas de 1 de mayo.

En verano en torno al palacio se celebran conciertos, muestras teatrales o sesiones de cine. En invierno, en cambio, el área acoge una pista de patinaje. De noche, el palacio cuenta con una hermosa iluminación y en situaciones muy especiales se pone en marcha iluminación adicional.

Y finalmente, es difícil imaginarse hoy la capital polaca sin su río. El Vístula ha tenido un enorme impacto en el desarrollo urbano de Varsovia, y hoy ofrece a los turistas y a los vecinos un lugar de inigualable atractivo. Con varios kilómetros de longitud este paseo fluvial se ha convertido en un lugar idóneo para pasear o andar en bicicleta Las explanadas ofrecen cenadores con tumbonas, bancos de piedra o lugares para sentarse hechos con ramas de árboles. Hay además un mirador y una miniplaya con cestos de mimbre.

Recomiendo un paseo en barco. En verano El Vístula ofrece lanchas a motor, botes artesanales empujados con varas de madera, ferrys o piraguas. Entre mayo y septiembre los fines de semana se organiza un mercadillo gastronómico multicultural, el Slow Market, abierto hasta altas horas de la noche.

Y adyacentes a las explanadas se encontrará el Centro de Ciencias Copérnico, el Museo sobre el Vístula o el Parque Multimedia de Fuentes, donde los fines de semana veraniegos se ofrecen espectáculos de “agua, luz y sonido”, en los que una pantalla de agua sirve de telón de fondo para una exhibición que combina elementos láser, animaciones y música en una representación rebosante de colores.

Hoy Varsovia ha entrado triunfalmente al tercer milenio. Con el cambio político y cultural que comenzó en 1989 después de la caída del muro de Berlín, un nuevo impulso de entusiasmo parece haberse adueñado de la ciudad y se nota en su urbanismo. Vemos edificios modernos y rascacielos y se van notando rasgos de prosperidad desde que Polonia entró a la Unión Euruopea. Ahora Varsovia es capital de un país que vive el período más próspero y libre de su trayectoria reciente. Y nos invita a los viajeros a descubrir su pasado hermoso y trágico al mismo tiempo, pero sin duda alguno encantador e impactante.

Toda una capital europea para descubrir con nuestros mejores itinerarios culturales que diseñamos en Paideia para grupos o en privado.

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